Ibamos corriendo cuesta abajo pensando en lo inevitable de caer y golpearnos..
Pero no es eso lo importante.. lo importante era el viento en la cara, la velocidad en los pies, el corazón a mil y la risa anormal de gente feliz..
Aun así la soledad nos puede, ya en el piso, en el césped cuando no vemos al otro, cuando vemos al cielo.. mas fácil y placentero alzar la mano y decir libre.. libre de cualquier atadura.. libre voluntario de volver mierda al otro..
Así empezaron historias geniales de amor eterno.. así acabo la mía que no apuntaba a nada menos.
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